El gobierno de Estados Unidos, a través de su ejército, irrumpió en el territorio de Venezuela para arrestar al presidente en funciones Nicolás Maduro, sin que el ejército venezolano, quien se dice heredero de los atributos valerosos y patrióticos de Simón Bolívar, haya aparecido en escena.

¿Dónde estaba el ejército venezolano cuando un país extranjero violó su territorio para secuestrar a su presidente? Ante esta interrogante surgen varias hipótesis. Veamos:

Una opción puede ser que el ejército recibió la orden presidencial de no actuar ante la intromisión extranjera en su espacio terrestre, aéreo y marítimo para evitar bajas civiles. Otra explicación puede ser que los mandos del ejército venezolano traicionaron a su presidente permitiendo que los invasores entraran hasta la recamara de Nicolás Maduro para sacarlo en calzones de su casa. Otra posibilidad es que el ejército de Estados Unidos cuente con un poder bélico tan avanzado que le permita meterse en otro país, asesinar civiles y militares y secuestrar a su presidente sin que nadie los se los impida. Tampoco debemos descartar otra hipótesis: que Nicolás Maduro haya concertado un acuerdo con Donald Trump para permitir un cambio de gobierno sin resistencia que permita a Estados Unidos controlar el flujo de petróleo venezolano. Recordemos que antes de su captura Nicolás Maduro y Trump sostuvieron conversaciones telefónicas que no han sido suficientemente reveladas.

Aunque se habla de que esta operación armada ha provocado la muerte de decenas o centenares de vidas, aún no existe una declaración oficial de Venezuela, y mucho menos de los agresores, del número de víctimas civiles y militares que causó este acto delincuencial disfrazado de ayuda democrática.

La razón de la invasión y la violación flagrante al derecho internacional que sostiene la presidencia de Estados Unidos, el país agresor: es que Nicolás Maduro es un narcotraficante que en complicidad con las “Zetas” y el cártel de Sinaloa permitía el tráfico de drogas entre Estados Unidos, Venezuela y México cuando los mexicanos eran gobernados por Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Antes de que la oposición mexicana empiece a insultarme les pido revisar las acusaciones oficiales que tienen a Nicolás Maduro en una cárcel estadounidense.

Las declaraciones boquiflojas del presidente de Estados Unidos, el país agresor, después de haber cometido una vez más, hechos que violan el derecho internacional, se centraron en ocurrencias amenazantes hacia cualquier otro país y en decir, sin interpretaciones simbólicas, que su principal y cínico interés no es que sus compatriotas sean unos atascados drogadictos víctimas de la cocaína venezolana, sino el control del flujo y comercialización del petróleo de Venezuela, país legítimamente dueño de la reserva de petróleo más grande del mundo.

Desde hace días Donald Trump sostiene que la infraestructura petrolera venezolana es de su propiedad y después de invadir Venezuela dijo que llevará a las empresas petroleras norteamericanas para controlar el flujo y las ganancias económicas por la venta del petróleo venezolano, el cuál le negará a Cuba y, sin hablar de China, agregó que Rusia no tiene de qué preocuparse a ellos les seguirá vendiendo este recurso natural.

La pregunta obligada que resulta de esta declaración es: ¿Y quién gobernará Venezuela?

Donald Trump dijo que será Estados Unidos el administrador de Venezuela para lo cual contará con sus halcones, el secretario de la defensa estadounidense y Marco Rubio quien, según Trump, y seguramente para desmoralizar a los venezolanos, está en comunicación con la vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodríguez quien contradijo a Trump al declarar que el único presidente de Venezuela es Nicolás Maduro exigiendo al gobierno agresor que lo libere de inmediato.

La respuesta de Trump fue contundente y amenazante: “si Delcy Rodríguez no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente mayor que Maduro”. Todo esto en medio del dictamen del Tribunal de Justicia venezolano que ordena a la vicepresidenta que asuma el cargo de presidenta inmediatamente.

En relación a María Corina Machado la política que rogaba a Estados Unidos intervenir en su patria, Donal Trump declaró que ella no tiene el respeto ni el apoyo de los venezolanos. Lo cual se evidenció con la nula respuesta de los habitantes de Venezuela quienes no mostraron signos masivos de apoyo a María Corina Machado ni mucho menos al pelele Edmundo González quién se mantiene en un obediente silencio. Lo que sí está ocurriendo es el apoyo popular que se ha registrado a favor de la revolución bolivariana. No está demás señalar que la líderesa artificial María Corina Machado ha sido aplaudida hasta la náusea por Felipe Calderón y los miembros distinguidos de la moralmente derrotada derecha mexicana.

Ante el hecho hubo diferentes reacciones, la de la presidenta de México Claudia Sheinbaum fue la consistente posición de México de acuerdo a la doctrina Estrada la cual sostiene la autodeterminación de los pueblos y que ninguna nación puede interferir en los asuntos internos de otra nación, la presidenta invocó además la participación de la ONU la cual ha mostrado una vez más su incompetencia e inutilidad. Otra reacción relevante fue la del presidente Andrés Manuel López Obrador quien calificó la invasión como “un prepotente atentado” y además le dio un consejo a Trump: “no caiga en la autocomplacencia ni escuche el canto de las sirenas. Mande al carajo a los halcones; usted tiene capacidad para actuar con juicio práctico. No olvide que la efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana. La política no es imposición”.

En conclusión:

En el mundo de la segunda década del Siglo XXI, mal llamado civilizado, aún pueden verse muestras de barbarie como, por ejemplo, que un grupo poderoso de invasores, asesine a miles de humanos por medio de la fuerza, el hambre y la pobreza para no sólo quitarles lo que les pertenece sino para desaparecerlos como si trataran de objetos inservibles.

La humanidad contemporánea ha despreciado la experiencia histórica, los movimientos sociales, las manifestaciones artísticas y las múltiples reflexiones filosóficas que han producido una cantidad inconmensurable de letras a favor de la libertad para asumir, de facto, que sigue siendo la fuerza de los brutos, el poder del más fuerte, lo que determina el control de las vidas humanas.

Este mundo actual ha sido el espectador de mecanismos mediáticos que pretenden ocultar que Estados Unidos de Norteamérica es una potencia mundial que ha conseguido lo que tiene gracias a la fuerza bruta sostenida por el poder económico y bélico cometiendo actos delincuenciales. Realidad histórica que los estadounidenses reemplazan por historias infantiles de heroísmo que sólo pueden tener efecto en audiencias irracionales sometidas a la alienación de conductas esclavizadas.

Es cuánto.




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