¿Qué intereses económicos y políticos deben estar en juego para que un medio de comunicación como el NYT se preste para publicar información falsa?

El New York Times, uno de los medios informativos más famosos, pero desde hace algunos años poco confiable, publicó, el pasado 29 de diciembre, un reportaje titulado: “Así es un laboratorio de fentanilo del Cártel de Sinaloa”, en el cuál dos de sus periodistas: Natalie Kitroeff y Paulina Villegas, supuestamente atestiguaron el proceso de producción de fentanilo en un laboratorio secreto en Culiacán, Sinaloa.

En el reportaje publicado se puede ver a personas sin equipo de protección personal y en un ambiente desorganizado, cocinando ingredientes para producir fentanilo, como si se tratara de preparar engrudo para pegar piñatas. Las imágenes fueron obtenidas por una supuesta visita de las periodistas a un laboratorio oculto en una casa ubicado, según ellas, en pleno centro de la ciudad de Culiacán, en una calle bulliciosa llena de peatones, automóviles y puestos de comida.

La publicación del NYT provocó la reacción del gobierno mexicano: la presidenta Claudia Sheinbaum expuso que este reportaje era poco creíble debido a que el manejo de las sustancias que se requieren para producir fentanilo, son altamente tóxicas. Para apoyar su argumento la doctora Sheinbaum solicitó a especialistas de su equipo de trabajo que explicaran los elementos científicos para desenmascarar la treta. Fue así como la audiencia no especializada, nos enteramos que para fabricar fentanilo se requieren elementos técnicos más sofisticados que una simple estufa casera o del famoso juego de química “Mi alegría”.

La respuesta del NYT, periódico estadounidense, no fue de vergüenza, ni de corrección o autocrítica, el medio de comunicación dijo respaldar el embuste sin pensar en su reputación ni darse por enterados de su infructuosa campaña de propaganda. Es decir, si al NYT no le interesa que la audiencia se entere que son un medio que publica información construida para aparentar una situación que no es real, entonces este medio es una herramienta de manipulación que obedece consignas más redituables que vender suscripciones o publicidad, pero ¿Cuáles podrían ser estos intereses?

En la historia del NYT ya existen antecedentes de propaganda para popularizar ideas que legitimen acciones injerencistas como por ejemplo la existencia de armas de destrucción masiva en un país que después fue invadido por EU. Noticia que fue desmentida y que obligó al medio a ofrecer disculpas.

Otro caso publicado por el NYT fue cuando el galardonado periodista Tom Golden, infirió en un artículo que más parecía un trabajo escolar de secundaria, que Andrés Manuel López Obrador recibía dinero del cártel de Sinaloa para sus campañas políticas. La nota que comenzaba con una pregunta maliciosa fue desmentida y obviamente generó el reclamo del presidente López Obrador quien se pasó varios meses burlándose del prestigio del mercenario mal llamado periodista.

¿Será que el NYT no cuenta con un equipo profesional de editores, que le impidan a cualquier periodista mal intencionado evadir las revisiones que existen hasta en el periódico mural de cualquier escuela primaria?

Lo más lógico es que seguramente, tanto el medio como los editores y periodistas involucrados, son tan corruptos que ya ni siquiera las importa su reputación, tal como, por ejemplo, le ocurre al Reforma en México, medio de comunicación que gana más dinero por ser palero de la derecha que por vender suscripciones.

Entonces ¿Cuál es trasfondo de estas estrategias mediáticas? La respuesta la encontramos en los detalles, veamos:

Donald Trump, encabeza un movimiento que pretende continuar con la agenda política de EU, tanto demócrata como republicana: detentar el poder a través de modelos económicos agotados que sólo favorecen a unos cuantos,  a pesar de existir elementos clave en el escenario actual de los EU: un problema financiero por la inversión del presupuesto en conflictos poco redituables como lo es el de Ucrania, lo que al interior del país les ha provocado altos índices de marginalidad y desempleo; la migración excesiva generada por sus tradicionales políticas injerencistas en países como Haití, Ecuador, Cuba y Venezuela, y por otro lado una grave crisis de adicciones en los estadounidenses, entre las cuales se encuentra una muy evidente: el consumo de fentanilo. De tal manera que dirigir la atención de la audiencia hacia enemigos imaginarios como los migrantes o los cárteles mexicanos a quienes pretende compararlos con organizaciones extremistas de medio oriente, le permite a EU legitimar acciones autoritarias como: deportaciones masivas, que buscan usar como moneda de cambio para seguir con prácticas como la injerencia política, control financiero a través de aranceles, y lo más preocupante: avanzar en el terreno de la llamada batalla cultural que permite, no terminar con el wokismo, sino colocar a personajes como Javier Millei, al frente de países latinoamericanos en los que se degrada la libertad al usarla como pretexto de discursos pseudo libertarios que promueven el vasallaje hacia EU y el fanatismo religioso otro eje sistemático del control de las masas.

En conclusión:

Si al gobierno de EU, republicano o demócrata que al final es lo mismo, realmente le importara que su país este contaminado con el cáncer de las adicciones, debería dejar la simulación y comenzar por explicarle al mundo: ¿quién o quiénes controlan y coordinan, en el país mas vigilado y poderoso del mundo, a los cárteles de narcotráfico estadounidense que comercializan la droga en su territorio? ¿Dónde se quedan las ganancias por la venta y distribución de la droga en EU? Y sobre todo: ¿Cuáles son las estructuras gubernamentales que apoyan esa actividad ilícita? Ni modo que no lo sepan.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *